La Ilusión que Mata al Fútbol Mexicano  

La delgada línea entre ilusión y autoengaño

Cada 4 años pasa lo mismo. México clasifica al Mundial y se activa el switch colectivo: «Ahora sí», «México es chingón», «Tenemos todo para ser campeones». 

Podría. ¡Claro! como cualquiera de los 48 que entraron al torneo, pero tener boleto de lotería no te hace millonario. 

El problema no es la esperanza. El problema es cuando la esperanza se convierte en delirio colectivo que ignora la realidad. Porque esa ilusión inflada tiene un costo: la caída. Y en muchas ocasiones, la caída siempre es proporcional a la altura de la expectativa. Euforia → odio → insultos a jugadores → apatía. Un ciclo que llevamos repitiendo en toda nuestra historia mundialista.

Todo esto podría convertirse en un pensamiento generalizado de que con lo que tenemos es suficiente. Y no, no es suficiente. Las ganas no hacen campeones. Lo hacen el trabajo, la constancia, la estructura, la exportación de talento, la autocrítica brutal.

De la realidad a los “vende-patrias”.

Intenta decir esto en una reunión: «Inglaterra es favorito y probablemente nos gane 2-0». La respuesta no tarda: traidor, malinchista, amargado, le vas a Inglaterra, por eso estás así.

Confundimos análisis con traición. En México, querer a la Selección significa negar cualquier dato que no nos favorezca. La crítica se toma personal: si dices que la Selección tiene carencias, sienten que dices que ellos como mexicanos tienen carencias.

Esto mata la autocrítica. Si decir la verdad te convierte en enemigo, nadie señala los problemas reales. FMF, jugadores y directivos viven cómodos. Nos tratan como niños que no pueden escuchar que Santa no existe.

La más sano y realista  debería decir: «Soy el primero que quiere que ganemos. Y justo por eso no me voy a mentir sobre dónde estamos parados». Querer a México no es aplaudirle todo. Es quererlo suficiente para exigirle que sea mejor.

Del «y si sí» al «hay que decretarlo»: cuando llegamos al pensamiento mágico

El «y si sí» al menos tiene humildad. Es posibilidad. «Hay que decretarlo» es negación de la realidad con esteroides.

La Ley de Atracción mal entendida nos hizo creer que si 120 millones de mexicanos piensan muy fuerte «vamos a ser campeones», la táctica, la física y 100 años de historia se van a doblegar. Eso no es decretar. Es esquivar la responsabilidad.

La Ley de Atracción real dice: visualiza y actúa en consecuencia, pero hay quienes se quedan solo en «visualiza». Mbappé no «decretó» ser campeón. Se metió a Clairefontaine a los 12 y entrenó 6 horas diarias. Messi no «manifestó» 8 Balones de Oro. Se inyectó hormonas de crecimiento y no vio a su familia por años.

Ese discurso es peligroso porque culpa a la víctima: si México pierde es porque «no creíste lo suficiente», no porque no hay proyecto. Y anula la crítica: si señalar fallas es «baja vibración», nadie corrige nada.

Puedes decretar todo el Mundial, pero si en Octavos te toca Francia, Kanté no lee tu “vision board”.

Que dejen el TikTok y se pongan a trabajar

Don Memo y Morirá han llenado las redes. Videos simpáticos y bien trabajados para un creador de contenidos, pero ellos están concentrados en…. ¿en hacer futbol o crear contenidos? Sí, merecen su fama, su dinero, sus seguidores. El problema no es el TikTok. Es el timing y la prioridad.

Cristiano sube historias 24/7. Diferencia: Cristiano ya ganó 5 Champions. Ya demostró que lo primero es el trabajo. Muchos están haciendo el bailecito en la concentración antes de que pasaran la fase de grupos. Celebramos antes de tiempo.

La fama prematura es veneno. Te sientes figura antes de serlo, te vuelves producto que vende aunque pierdas, y pierdes el hambre. ¿Para qué romperte la madre en Europa si aquí eres rey subiendo trends con 3 millones al año?

Un partido de Mundial requiere concentración brutal. Un segundo desconectado y te clava Bellingham. No puedes tener medio cerebro en «cuántas vistas lleva mi video» y medio cerebro en cómo marcar a Saka. Vas a perder. Siempre.

En 2014, Alemania estuvo un mes concentrado, sin redes, sin distracciones. Resultado: 7-1 a Brasil. En este mundial muchos hoteles están llenos de youtubers invitados, patrocinadores, activaciones. «Que se sientan cómodos». Cómodos no ganan Mundiales. Obsesionados sí.

Son 3 partidos que definen 4 años. Si no puedes guardar el celular 30 días, no tienes cabeza para ser élite.

Mucho se ha criticado a la selección inglesa por las medidas que esta haciendo a su llegada a México: hotel en secreto para evitar serenatas de desvelo, previsión de vuelos y traslados para no desgastarse, estrategia de “ventana 36” para superar los estragos de la altura de la ciudad… pero eso es prepararse, dar el 100, tener proyecto, concentrarse. Su actitud está buscando ganar, no solo su mentalidad.

La conclusión que duele

Las ilusiones, la validación emocional cada 4 años, creer que con lo que hay basta, esa negación es la razón exacta por la que no vamos a ser campeones pronto. Porque el primer paso para resolver un problema es aceptar que lo tienes.

No es pesimista el que ve la realidad. Es realista. Pesimista es «vamos a perder porque siempre perdemos». Realista es «podemos perder porque ellos tienen mejor equipo, mejor liga, mejor proceso, mejor proyecto”.

Tampoco es derrotista. Derrotista sería»ni para qué jugar”.

Amargado es el que se conforma con «competir». El que con pasar de grupo ya hizo su Mundial está lejos de exigir estándares de potencia mundial. Solo están pidiendo no sentirse mal 90 minutos.

¿Entonces qué hacemos?

México futbolísticamente no ha tocado fondo: el negocio va bien, los estadios se llenan, las camisetas se venden, y el equipo ha tenido una excelente participación hasta ahora, y desgastarse la garganta en el juego, no es letra muerta. Es pasión, es emoción, es ilusión, es ganas. No debe dejarse de hacer.

Pero apoyar no es cerrar los ojos y repetir un mantra. Apoyar es ver el 0-3 vs Suecia y exigir que eso no vuelva a pasar.

Decretar no sirve. Bailar en TikTok no sirve. Lo único que sirve es trabajar como si tu vida dependiera de eso. Porque eso unido al talento que sí hay, estaríamos en otro nivel. Futbolísticamente, sí depende.

Pero mientras sigamos prefiriendo la ilusión cómoda al trabajo incómodo, seguiremos donde mismo: jugando como nunca, perdiendo como siempre.